Yo estaba loco
 
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Yo estaba loco

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La historia de un hombre enloquecido por la oscuridad

Un frío escalofrío recorría mi espina dorsal mientras me adentraba en la oscuridad de mi propia mente. Había algo siniestro en el aire, algo que me susurraba al oído y me hacía dudar de mi propia cordura. Los candelabros temblaban en las paredes, proyectando sombras que se retorcían y se contorsionaban como si tuvieran vida propia. Me sentí atrapado en un laberinto de miedo y desesperación, sin salida, sin luz al final del túnel.

Mis manos temblaban mientras me aferraba a la última pizca de racionalidad que me quedaba. Cada paso que daba resonaba en el silencio de la noche, como un eco macabro que se repetía una y otra vez en mi mente atormentada. ¿Acaso estaba loco? ¿O era la oscuridad la que había tomado el control de mi ser, convirtiéndome en un títere de sus perversos designios?

El encuentro con lo desconocido

De repente, una sombra se alzó del suelo, enroscándose a mi alrededor como una serpiente venenosa. Sentí su aliento frío en mi nuca, su presencia maligna que me envolvía en un abrazo gélido. Intenté gritar, pero mis cuerdas vocales se negaban a emitir sonido alguno. Estaba paralizado por el terror más profundo, por el miedo a lo desconocido que se cernía sobre mí como una manta de oscuridad.

Y entonces, vi sus ojos. Ojos vacíos, sin vida, que me miraban con un hambre insaciable. Me di cuenta en ese momento de que no estaba enfrentando a una sombra, sino a algo mucho más antiguo y maligno. Algo que se ocultaba en las sombras desde tiempos inmemoriales, esperando el momento adecuado para acechar a su próxima presa.

La lucha por la cordura perdida

Me lancé hacia adelante, dispuesto a luchar hasta el último aliento por mi propia cordura. Los candelabros temblaron con más fuerza, arrojando destellos de luz que iluminaban la figura fantasmagórica que me rodeaba. Con un grito desgarrador, me liberé de su abrazo helado y corrí hacia la salida, hacia la luz que me prometía la salvación.

Mis pies golpearon el suelo con fuerza, mis pulmones ardían por el esfuerzo, pero no me detuve. Sabía que si me rendía, si permitía que la oscuridad me absorbiera por completo, ya no habría vuelta atrás. Luché con todas mis fuerzas, con toda mi determinación, dispuesto a enfrentar al horror que habitaba en las sombras y reclamar mi cordura perdida.

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